Durante las últimas décadas, hemos podido ver cómo las firmas de servicios profesionales en general, y los despachos de abogados en particular, han experimentado notables cambios, tanto en el modelo de negocio, como en las relaciones con los clientes y el resto de los grupos de interés. Las razones de esta transformación han venido originadas por múltiples causas relacionadas con la globalización: nuevas tecnologías, complejidad de los negocios, aparición de nuevas fórmulas de prestación de servicios (legaltech), el nacimiento y éxito de las redes sociales, liberalización del sector legal, el incremento de la competencia o la importancia creciente de las marcas de los despachos, frente a las marcas personales de sus abogados.

Sin embargo, aún está pendiente otra gran revolución: el cambio en el modelo de gobernanza y de la organización interna corporativa de los despachos.

Es obvio que las empresas de servicios profesionales son mucho más intensivas en capital humano que en financiero, pero también resulta evidente, debido a las indudables ventajas competitivas que ello representa, que, más pronto que tarde, vamos a empezar a ver con normalidad la entrada de socios capitalistas en las firmas legales.

En España, desde 2007, con la aprobación de la Ley de Sociedades Profesionales, se permite la participación de hasta un 49 % en el capital y en los derechos de voto a socios financieros no profesionales. Algo similar ocurre en otros países de nuestro entorno como el Reino Unido, Alemania o Portugal. En otros países, como Australia, incluso se permite que coticen en bolsa.

Existen numerosas razones que avalan la conveniencia de este cambio en la propiedad de los despachos. En primer lugar, razones de gobernanza empresarial. Suele argumentarse que los socios profesionales tienen una visión más cortoplacista, ya que su carrera está limitada por la edad de jubilación obligatoria que, en muchos casos, está fijada antes de los sesenta años. Los socios capitalistas no tienen fecha de caducidad y, por tanto, pueden garantizar mejor la sostenibilidad de la firma. En segundo lugar, hay un evidente motivo financiero. Las firmas profesionales deben tratar de estar en crecimiento permanente (el que no crece, decrece) y ello exige un nivel elevado de recursos para mantenerse en la vanguardia de la tecnología; retener el talento; desarrollar acciones de marketing; adquirir otros despachos; internacionalizarse, etc. Otra razón fundamental es la disciplina, el rigor y la profesionalidad en la gestión exigida a los socios financieros. Suele decirse que la gestión de un despacho de abogados es algo excesivamente importante como para dejarlo en manos de los propios abogados. Aparte de la broma, es cierto que las firmas profesionales no suelen caracterizarse por su excelencia en procesos, organización interna, análisis económico-financiero, etc. Y, un socio capitalista, como un fondo de inversión o un family office, está acostumbrado a gestionar con esos criterios.

Por último, las sociedades profesionales con socios capitalistas serán más transparentes en su gestión y en sus finanzas ya que, de alguna forma, tendrán que “reportar” a los socios financieros.

También hay argumentos en contra de esta política de apertura de capital. La mayoría de las opiniones contrarias arguyen razones deontológicas y éticas. La confidencialidad, los conflictos de interés o la falta de independencia son cuestiones que hay que tener muy en cuenta, porque son uno de los pilares fundamentales de los servicios profesionales. Además, las estructuras capitalistas puras pueden poner en peligro la cultura de la firma y hacen muy difícil la fidelidad de sus equipos, que no tendrán un plan de carrera tradicional, ya que no podrán alcanzar la posición de socio.

En definitiva, sopesando argumentos a favor y en contra, parece razonable pensar que los modelos que se van a ir imponiendo serán fórmulas mixtas, en las que coexistan los socios profesionales con los capitalistas, ofreciendo a los profesionales que se vayan jubilando la posibilidad de pasar a ser socios de capital del despacho en el que han desarrollado su carrera.

Aunque sorprendentemente muchos no son todavía conscientes, una firma de abogados es una empresa y, como tal, debe organizarse, gestionarse y desarrollarse.

Mario Alonso, presidente de Auren

Auren es uno de los despachos patrocinadores del Legal Management Forum, que se celebrará los días 9 y 10 de octubre en Madrid. Toda la información en la web del evento.

Fuente: Cinco Dias.