BlackRock y otros accionistas quieren someter a los jefes de Bayer a un paseo de la vergüenza. El grupo no se disculpa por la desastrosa compra de Monsanto por 57.000 millones de euros el año pasado, y las leyes alemanas dan a los accionistas pocos palos fáciles de blandir. Los inversores, que llevan mucho tiempo pasándolo mal, tienen motivos de sobra para estar molestos. Bayer ha perdido 30.000 millones de valor de mercado en menos de un año al pagar de más por Monsanto, a lo que luego se añadió la sentencia contra su herbicida Roundup por causar cáncer, que puede suponerle miles de millones en multas. Bayer dice que confía en que se revocará, pero ha ofrecido pocos datos sobre lo que pasará si no es así.

La ley alemana dificulta que los accionistas descontentos hagan rendir cuentas a las empresas. Las cotizadas tienen dos consejos, y la dirección la nombra un grupo de supervisión y no los accionistas. Y los miembros del consejo de supervisión suelen ejercer durante cinco años. Despedir a uno requiere un voto de censura, con un umbral de aprobación del 75%. Los accionistas de Bayer simplemente planean abstenerse o votar en contra de una moción que ratifique los actos del consejo en 2018 en la junta anual de hoy, algo que no tiene peso legal.

Humillar puede tener consecuencias. En 2015, los ex-CEO de Deutsche Bank Anshu Jain y Juergen Fitschen renunciaron al cargo a las pocas semanas de obtener solo el 61% de la aprobación en un voto similar. En la junta general de Volkswagen de 2016, el escándalo de las emisiones hizo que el estado de Baja Sajonia se negara a aprobar la actuación del entonces presidente, Martin Winterkorn, lo que generó titulares perjudiciales.

Puede que esta vez no funcione. El acuerdo de Monsanto fue impulsado tanto por el CEO, Werner Baumann, como por el presidente, Werner Wenning, lo cual dificulta la distribución de culpas. Los accionistas deben de estar acostumbrados a que pasen de ellos: Bayer impulsó la compra sin ofrecer una votación. Eso sí, si esta revuelta fracasa, tendrá más difícil resistirse si un activista más audaz llama a la puerta.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

Fuente: Cinco Días